Lago Chinchaycocha, Junín

El lago Junín o Chinchaycocha, ubicado a más de 4000 msnm, constituye el segundo cuerpo de agua en extensión del Perú. Famoso por poseer la mayor concentración de aves andinas de América, alguna vez este lugar fue un paraíso para la vida silvestre. Hoy, el gran lago y sus habitantes se ven amenazados por la creciente contaminación de sus aguas con residuos mineros.

El Sol se levanta sobre las montañas nevadas y baña con su luz, aún tenue y tímida, la vasta extensión de la meseta de Bombón. El ichu parece desperezarse y se mece al compás suave del viento helado que barre la planicie altoandina. Un nuevo día comienza en la soledad de la puna.

A orillas del gran lago azul unos hombres atraviesan el pajonal y se dirigen hacia la orilla poblada por totorales. Están vestidos con gruesas pieles y toscas ropas de lana de alpaca. Llevan largos palos y cestos de fibra vegetal. Se adentran en la densa vegetación y caminan –con el agua helada hasta la cintura– en busca de huevos y carne fresca. Vienen en busca de alimento para su gente.

Su presencia alerta a las aves del lugar que se elevan en bullicioso tropel por los aires: cientos de patos y garzas, rosadas parihuanas y blancos gansos andinos o huallatas. Las chocas y gallaretas se alejan chapoteando ruidosamente, casi corriendo sobre la superficie del agua. Mientras tanto, algunos animalillos corren presurosos para ocultarse entre las matas de pasto: son poroncoyes, la variante silvestre del cuy doméstico.

Al cabo de una hora los hombres regresan cargados de provisiones: decenas de huevos y pichones, algunos patos y gallaretas, ranas y cuyes. También llevan brotes tiernos de totora y abundantes peces, que consumirán asados junto a la carne recolectada. Los personajes a los que nos referimos son pumpus, los ancestrales moradores del lago Junín.

Ellos vivían asentados en sus inmediaciones aprovechando los abundantes recursos que la naturaleza les prodigaba. Compartían este vasto territorio con grandes manadas de vicuñas y alpacas, zorros, cuyes y millares de aves. Los gatos andinos, llamados también osjo o chinchay, depredador natural de los roedores de la puna, dieron nombre al gran lago: Chinchaycocha o lago de los gatos silvestres.

Realidad moderna

Ocho siglos más tarde, la escena se repite pero con dramáticas variaciones: son un puñado de hombres los que ingresan al lago esta vez. Caminan sin prisa, casi con desgano, a través de una pampa desértica que el viento azota sin cesar. El polvo lo cubre todo, como queriendo arrancar de la tierra las últimas matas de ichu. Van vestidos con pantalones rotos, ojotas y unos trajes raídos, casi en harapos. Llevan una larga estaca de eucalipto y un saco de polietileno. El gran lago ante ellos ya no es azul. Ha tomado un color rojizo y sus orillas se encuentran cubiertas de espumas y residuos extraños. La totora, alguna vez abundante y omnipresente, es ahora escasa y se agrupa en manchales salpicados entre las aguas bajas.

De entre la hierba sacan unas frágiles canoas fabricadas uniendo trozos de aluminio. De pie, sobre ellas, se abren paso entre las algas para adentrarse en las aguas más profundas. Ya no hay aves que cantan ni el estrépito de las bandadas elevándose hacia el cielo. Sólo un silencio que el viento acentúa de manera desagradable.

Vuelven al atardecer. Ha transcurrido todo un día de trabajo y regresan con sólo un par de escuálidas ranas y algunos peces pequeños. Uno de esos hombres es don Francisco Tueros Aldana, pescador y “ranero” de la comunidad de Óndores, ubicada a orillas del extremo sur del lago Junín. Él nos dice que la situación está empeorando, que ya no hay pesca y que las ranas –antes abundantes– son cada vez más difíciles de encontrar. Llegamos a su humilde vivienda y su familia nos recibe con la amabilidad característica de la gente del campo. Con gran desprendimiento comparten lo poco que tienen y hablamos sobre el pasado y el futuro del gran lago.

–“Antes, cuando mi padre entraba al lago, bastaban sólo un par de horas para recolectar varias docenas de ranas, las que alcanzaban hasta dos y medio kilos de peso. Después las vendíamos en los mercados de Junín y Huayre. Hoy, debemos pasar el día entero en el lago para capturar, tal vez, un par de animales que no llegan a los trescientos gramos”.

Tueros continua: “El problema es la contaminación. El pescado está muriendo y las ranas y las aves no tienen qué comer. Hasta las algas mueren y flotan en la superficie impidiendo el paso de la luz. Luego viene la descomposición…”.

El origen del problema

En 1955 fue construida una planta hidroeléctrica en la localidad de Shongunmarca, que aprovecha las aguas del río San Juan, a poca de distancia de Óndores. Como la demanda de caudal para la hidroeléctrica ha ido elevándose, ésta ha recurrido a las aguas del lago, disminuyendo hasta en tres metros su nivel en los últimos años. Esto, además de originar una mayor competencia por hábitat entre las diversas especies de aves del área y provocar una merma en la disponibilidad de alimentos y lugares de anidamiento, causa un desequilibrio en los ciclos normales de estío e inundación, ambos vitales en la ecología de las especies acuáticas del lago.

De otro lado, en los alrededores de Cerro de Pasco nunca fueron construidos los tanques de sedimentación para decantar los relaves mineros, los que son descargados directamente al río San Juan, desde donde, durante unos 70 años, han fluido a la cuenca del Amazonas a través del río Mantaro. Paradójicamente, después de la construcción de la represa de Upamayo, los desechos mineros han comenzado a fluir (por ‘rebote’) hacia el propio lago Junín, llevando consigo la destrucción masiva del ecosistema. El volumen de los relaves vertidos se incrementó progresivamente, ocupando un área cada vez mayor del lago con dirección al sur, ocasionando el rápido deterioro del ambiente.

Una especie: un drama
Una de las especies más representativas del lago es el zambullidor de Junín (Podiceps taczanowskii). Similar a un pequeño pato, pero de figura esbelta y un pico fino y puntiagudo, se alimenta de pequeños peces que captura buceando en las gélidas profundidades del lago. Esta ave es oriunda del Perú y habita única y exclusivamente en el ámbito del gran lago Chinchaycocha.

Debido a la abundancia de recursos que el lago ofrecía, el zambullidor evolucionó adaptándose a la vida en las frías aguas del lago. No necesitaba desplazarse o migrar durante el invierno, alimentándose de pequeños insectos en las épocas de escasez. Hoy su tragedia reside, precisamente, en su incapacidad para volar. Atrapado en un medio asolado por la contaminación, el zambullidor empezó a ser víctima de la intoxicación y la escasez de lugares de anidamiento. Los peces, sus presas más comunes, fueron muriendo hasta casi desaparecer. Finalmente, su población llegó hasta niveles críticos, considerándosele una de las especies más amenazadas de extinción de todo el planeta.

En 1976, los trabajos del ornitólogo danés Jon Fjeldså dieron la clarinada de alarma: su número había descendido marcadamente, registrándose tan sólo 300 ejemplares. En 1985, nuevos censos arrojaron cifras aún más reducidas: esta vez se lograron avistar sólo un promedio de tres aves por kilómetro de costa. Finalmente, en 1991 un equipo de investigadores peruanos llevó a cabo un estudio de emergencia sobre su población. Los resultados que obtuvieron fueron estremecedores y alarmantes: restaban menos de 50 ejemplares de zambullidor de Junín y cantidades muy reducidas en las poblaciones de las demás aves acuáticas del lugar.

Las cifras de quince y veinte años atrás, cuando el número de aves del lago sobrepasaba el millón, parecen ahora increíbles. Sin embargo, no todo es pesimista en relación al futuro del zambullidor. Al parecer, hay intenciones claras en las empresas mineras para solucionar el problema de la contaminación; el INRENA (Instituto Nacional de Recursos Naturales) ha vuelto a instalar la administración de la Reserva Nacional del Lago Junín, destinando pequeñas partidas para su conservación. Paralelamente, datos recientes parecen mostrar una ligera pero constante mejoría en el ecosistema. Durante la última estación de lluvias en la sierra, más abundante que en años anteriores, fueron observados algunos ejemplares jóvenes de zambullidor de Junín, lo que indicaría que la especie aún se reproduce con éxito. La pregunta es… ¿podrá recuperarse?

La vida del lago Junín dependerá de lo que hagamos o dejemos de hacer en el futuro inmediato. No esperemos a que suceda el desastre para lamentarlo.

La Reserva Nacional de Junín

Establecida en 1974 sobre una superficie de 53.000 hectáreas pertenecientes a los distritos de Carhuamayo, Óndores, Junín, Ninacaca y Vicco, la Reserva protege el segundo lago más grande de los Andes peruanos. Fue creada con el objeto de conservar la flora, fauna y bellezas paisajísticas del lago Junín, así como fomentar la utilización racional de aves, ranas y totora.

El lago es un ecosistema de gran importancia para las aves acuáticas altoandinas. Cerca de 50 especies, entre residentes y migratorias, han sido registradas en sus alrededores. El mamífero más frecuente de hallar en sus proximidades es el cuy silvestre o poroncoy, habitante de los totorales y las orillas rocosas. El zorro andino o atoj, el zorrino o añas y la vizcacha son también frecuentes.

El lago cuenta con poblaciones de ranas del género Batrachophrynus, muy apreciadas por su carne en los Andes. Entre los peces, existen varias especies del género Orestias, conocidos localmente con el nombre de challhuas, y una especie de bagre (Pigydium oroyae) de consumo local.

El lago y las áreas adyacentes muestran una variedad de plantas emergentes y sumergidas que constituyen unidades singulares en el mundo de la botánica. La vegetación predominante son las gramíneas en matas o ‘champas’, como el crespillo, el ichu y la totora.

Cómo llegar

El Lago Junín o Chinchaycocha está a 257 km al este de Lima y a unas de 6 a 8 horas de viaje por carretera totalmente asfaltada. Se llega a este lugar interandino después de cruzar el abra de Ticlio (4.818 msnm), los poblados mineros de Casapalca, Morococha y La Oroya, y varias comunidades campesinas enmarcadas entre lagunas, ríos, nevados y suaves paisajes de puna. Una vez en la ciudad de La Oroya se debe de tomar el desvío (izquierda) que señala la ruta a Cerro de Pasco. Posteriormente, en el desvío llamado Las Vegas, se toma la vía asfaltada de la izquierda que lo conducirá directamente a los poblados de Carhuamayo y Huayre, a orillas del lago Junín.

Datos útiles

Ubicación:
Altitud promedio: 3,800 msnm (promedio)
Temperatura: Máx: 25°C Mín: -2°C Promedio anual: 14°C
Highlights: naturaleza, escalada en roca, trekking, birdwatching, fotografía,
La mejor época para visitarlas es en invierno (junio a setiembre).

 

4 Comments to Lago Chinchaycocha, Junín

  1. julio 3, 2011 at 10:17 pm | Permalink

    eso es por las minas contaminan el lago junin todas las autoridades deben enterbenir par q no se destruya el lago junin para q huelban a ber ranas truchas aves en el lago junin bueno me despido con un abrazo a todos mis paisanos de junin.

  2. julio surichaqui's Gravatar julio surichaqui
    enero 5, 2012 at 6:33 pm | Permalink

    Increible cambio en la provinvia de junin, esperemos se mejore esta situacion y sobretodo que nuestras autoridades sean mas capaces de poder solucionar este problema y no estar perdiendo el tiempo en la construcción de parques, pazas, etc que de nada servira si no tenemos lo que un dia nos dejaron nuestros pumpush en fin la esperanza es lo último que se pierde.
    saludos y un abrazo a mis paisanos de Junin.

  3. Raúl's Gravatar Raúl
    enero 5, 2012 at 6:46 pm | Permalink

    Otro gran pasivo arqueológico que debe denunciarse públicamente para que nunca más vuelva a ocurrir dado que nunca podrá ser remediado, es que para la construcción de las presas en el lago Junín, se utilizaron como materiales de construcción nada menos que piedras de ciudadelas prehispánicas de los alrededores.
    Delito de lesa Humanidad Arqueológica!!!

  4. Luis Pimentel's Gravatar Luis Pimentel
    junio 8, 2015 at 1:47 pm | Permalink

    Llorar sobre leche derramada, no devuelve la misma al frasco, lamentar los hechos ocurridos, no pasan de ser solo eso, lamentaciones, lo que creo que sí debemos de reconocer es la importancia innegable que tiene el Lago Junín, como la más importante y estratégica reserva natural de agua dulce que posee el país y que, en salvaguarda del equilibrio y uso sostenido para el futuro, en armonía a la preservación de la biodiversidad existente en la reserva natural, es necesario que el el Gobierno Central a través de los Ministerios competentes y el ANA, dicten normas claras para su preservación y aprovechamiento en los próximos siglos, que impongan reglas de mantenimiento y operación tanto para beneficio de las comunidades aledañas, empresas minero – energéticas y sobre todo en resguardo de los intereses nacionales en el futuro.

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